El aumento de la expectativa de vida trae consigo un crecimiento sostenido de las enfermedades neurodegenerativas, entre ellas las demencias. En este contexto, comprender cómo la población adulta incorpora hábitos vinculados a la salud cerebral resulta clave para diseñar estrategias de prevención.
Este trabajo presenta los resultados de una encuesta administrada a 1.100 personas de entre 25 y 86 años, cuyo objetivo fue describir conductas y estilos de vida asociados a cinco ejes preventivos: actividad física, alimentación, calidad del sueño, interacción social y actividad cognitiva.
Los hallazgos muestran una población con altos niveles de participación social y cognitiva, pero con áreas vulnerables en relación con la dieta, el descanso y la intensidad de la actividad física.
Metodología
Participaron 1.100 personas (825 mujeres y 275 varones), de 25 a 86 años. Para garantizar un funcionamiento cognitivo típico, se aplicaron pruebas breves de memoria y el Mini-Mental State Examination (MMSE). La encuesta fue administrada presencialmente entre 2022 y 2023 en la Ciudad de Buenos Aires.
La muestra se segmentó en tres grupos: adultos jóvenes de 25 a 44 años (54%), adultos mayores de 45 a 74 años (43%) y mayores de 75 años (3%).
Resultados principales
1. Actividad física: el 68,7% realiza actividad física regularmente, aunque la mitad lo hace con intensidad baja. Se observó una asociación significativa entre realizar ejercicio y sentirse más descansado al despertar.
2. Alimentación: aunque el 62,3% considera que sigue una dieta saludable, los hábitos declarados muestran consumos frecuentes de alimentos poco beneficiosos: carnes rojas más de 2 veces/semana (53,6%), golosinas y snacks hasta 2 veces/semana (55,7%), comida rápida hasta 2 veces/semana (51,8%). Solo el 48% consume suficiente agua.
3. Sueño: el 61% se siente somnoliento al despertar y solo el 34% se considera bien descansado. El 37,7% refiere despertares nocturnos. El uso de medicación para dormir aumenta significativamente con la edad, llegando al 41,6% en mayores de 75 años.
4. Interacción social: niveles muy altos: el 85,4% participa en actividades sociales, el 83,8% se reúne semanalmente con familia o amigos. Estas conductas se consideran factores protectores asociados a mayor reserva cognitiva.
5. Actividad cognitiva: el 76,3% realiza actividades de lectura y el 40,7% asiste a eventos culturales al menos una vez al mes.
Tres áreas vulnerables identificadas
- Actividad física insuficiente: aunque la mayoría realiza ejercicio, gran parte lo hace con intensidad baja, por debajo de lo recomendado para efectos neuroprotectores.
- Dieta no óptima: la autopercepción de alimentación saludable no coincide con la frecuencia real de consumo de alimentos proinflamatorios o asociados a riesgo cardiovascular.
- Calidad del sueño: un tercio de los participantes no descansa adecuadamente y el uso de medicación aumenta con la edad, lo que puede relacionarse con impacto cognitivo a largo plazo.
Conclusiones
Los resultados destacan la importancia de promover hábitos de vida más saludables, especialmente en torno a la alimentación, el sueño y la actividad física. Estos ejes deberían abordarse mediante campañas de educación para la salud, intervenciones comunitarias y recomendaciones personalizadas para distintos grupos etarios.
Los datos sirven como base para futuras líneas de trabajo que incluyan intervenciones de promoción de la salud cerebral y evaluaciones longitudinales.
Fuente: Revista Médicos